No hay una sola madre.
La cantidad de veces que he escuchado que “madre solo hay una” es probable y directamente proporcional a la cantidad de veces que pude pensar, observar y sentir que no. No hay una sola madre, madre no es solo una.
Hay madres solas, hay madres en colectivo, hay comadres, madrinas, tías, hermanas y profesoras que maternan. Hay extrañas en hogares desconocidos que te dan la ternura que una madre nunca te dio.
Hay madres ausentes, madres muertas, madres enfermas, madres amorosas, madres complejas, madres abusadoras, niñas obligadas a ser madres, madres en instalaciones racistas que las privan de su libertad mientras ICE secuestra a sus hijxs. Hay madres violadas, demasiadas madres violadas. Y hay madres presas y también hay madres encerradas en granjas.
No hay una sola madre.
Hay granjas de mamás vacas, mamás cerdas, mamás gallinas, mamás patas, mamás camellas, mamás camaronas, mamás perras, mamás no humanas, esas que son, en realidad, la mayor cantidad de madres que existen y sobreviven ahora mismo en el planeta, porque la mayoría de las mamás no son humanas y la mayoría de las madres ave y madres pez y madres mamíferas están ahora mismo siendo explotadas sólo porque tienen la facultad de ser mamá. Por ser hembras obligadas a ser madres.
Hay madres que maternan. Hay madres que no. Hay madres narcisistas y hay hijas obligadas a ser madres de sus hermanxs o de sus propias madres. Hay hijxs forzadxs a no saber qué es la ternura de una caricia en el rostro, o un “te amo” maternal.
No hay una sola madre.
Habemos animales, habemos mujeres y habemos personas no binarias maternando. Habemos muchxs que no parimos, pero nos damos una vida entera para cuidar a otrxs, a lxs pequeñxs, a lxs adultxs, a los colectivos, al arte, a los corazones, las mentes y los proyectos. Porque maternar es un acto polifacético que no excluye a las que no han tenido a quien llamar hijx consanguínex. Estamos quienes maternamos y quienes damos y damos y damos para ser la ternura, el cuidado y el amor sano para otrxs, incluyendo perrxs, gatxs, yeguas, aves, ardillas y más, porque habemos quienes maternamos en manada, sin distinción de especie y que nos llenamos el corazón de amor, sin llamarle a quien amamos “nuestrx hijx”, porque lxs amamos por estar, no por ser de la sangre ni de la especie aparentemente correcta.
No hay una sola madre.
Hay comunidades maternando, hay amigas amando, hay amores salvando nuestras vidas una y otra vez cuando la romanización de la mamá no alcanza y cuando nos atrevemos a escribir otras formas de acompañar y amar.
Hay madres que nunca son vistas como tal, hay madres que no pueden gestar y hay madres que por serlo la vida en libertad se ha acabado para ellas.
No hay una sola madre.
Hay madres buscadoras, las que cada noche se van a dormir con esperanza y despiertan cada mañana cuestionando al sol y a su dios: ¿cómo puede la vida seguir sin sus bebés a su lado? Son las madres que no cesan de maternar, incluso en el claustro burocrático, el Estado policiaco y la nación de lxs desaparecidxs. Son las madres que no olvidan ni tampoco perdonan. Son una nación entera que nos duele. Somos todas, agotadas de buscar, pero no pararemos.
Hay madres cuestionadas por serlo, dando batallas a sus propias neurosis y sobreviviendo al capacitismo y el capitalismo totalizante que nos quiere decir que no servimos, que somos las locas, que no deberíamos ni intentarlo, cuando la mirada juzgadora del mundo elige decir quién sí y quién no es una madre, cómo sí y cómo no se es mamá. ¿Mamá deprimida? No. Todxs te exigen ser supermamá. Mamá no es persona, sólo es mamá. ¿Qué hay de lo que necesita mamá? Sin la exigencia del patriarcado que nos sexualiza, esclaviza, silencia, blanquea, usa, desecha, olvida y condena a la maternidad convencional digna de serie dramática, ¿qué mamá sí podemos ser?
No hay una sola madre.
Hay madres palestinas. Luchando por las vidas de todxs. Enseñando resistencia al mismo tiempo que enseñan a sostener una cuchara hecha con escombros tras las explosiones. Son madres sin hospitales, sin silencio, viendo a sus hijxs y sueños mutilados. Son las madres que sonríen con amor, sin saber si habrá mañana para sus hijxs, sin saber si habrá paz para ellas, queriendo su tierra y libertad. Son madres soñando ser libres de todo yugo, genocidio e indiferencia colonial.
Y al final está la Madre final. La Madre que siempre nos mira, que provee, que nos regala amaneceres y el canto de las aves. La Madre que nos acaricia con su rayo de sol y nos canta con el viento. La Madre que nos da vida porque ella es toda la vida, la Madre que nunca muere y que nos abraza con sólo recostarnos en la tierra. A ella: a la Madre Tierra, le agradezco cada maternidad y por ella nos convoco a seguir conjurando, para nunca dejar de invocar y crear ternura, amor y libertad.
* Escribí No hay una sola madre como un texto pensado para ser editorial para el fanzine Empatía, compilado por Anne Vazquez, como parte de los contenidos y actividades de la celebración del día de las madres llevada a cabo por activistas antiespecistas en Puebla, México. Pensé en escribir un texto corto, introductorio. Pero, conforme me senté a escribir, me di cuenta que era demasiado lo que sentía y que mis dedos y las teclas iban a toda velocidad mientras lloraba y trataba de no contener mi tristeza, frustración, enojo, apego, alivio y terror. No sabía que necesitaba escribir este poema hasta que lo terminé. Y por eso me siento agradecidx con Anne, por haberme invitado a participar y haber desencadenado esta sensibilidad, que pretende acompañarnos a tantxs.
